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A la caza de la partitura [Thomas A. McGee's]

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A la caza de la partitura [Thomas A. McGee's]

Mensaje por Sheridan D. O'Reilly el Dom Jun 09, 2013 3:03 am

Acababa de terminar la hora del almuerzo y tenía dos horas aproximadas para descansar o hacer lo que quisiera. No tenía sueño y la cabaña estaba desierta ya que al parecer todas preferían estar por el exterior, así que cogí mi carpeta de partituras y salí yo también. Lo cierto es que era un día genial, aunque hacía mucho Sol para mi gusto y el calor se me antojaba de otro mundo. Iba con pantalones cortos y camiseta también de manga corta, pero aún así era demasiado. Sentía unas irrefrenables ganas de meterme en la piscina o ir a la playa, pero en ese momento no podía ser. Crucé el campamento saludando a un grupo de personas que conocía pero no me detuve mucho rato a hablar, empezaba a sentir cómo el sudor perlaba mi frente.

Llegué a los jardines y comprobé que había gente pero poco ruido, así que tras buscar algo de sombra terminé sentándome bajo un árbol. Abrí la carpeta que había recogido en la cabaña y empecé a pasar las hojas con rapidez hasta llegar a la que tenía en mente. Una de las últimas canciones que había comenzado a componer, titulada Broken Dessires. El tema de la letra lo llevaba bastante bien, era la parte de la guitarra la que se resistía; de todos modos primero acabaría lo más fácil y ya luego me comería la cabeza si hacía falta. Repasé lo que había escrito, me saqué un lápiz del bolsillo y corregí una rima disonante en los últimos versos. Luego dejé escapar un suspiro, me recosté ligeramente contra el tronco del nudoso árbol y permití que el resto de la canción fluyese y guiase mi mano con trazos expertos.

Creo que a partir de ahí perdí no solo la noción del tiempo, sino también la del ruido... y del clima. Sólo estábamos la canción, yo y el lápiz que me conectaba lejanamente al mundo terrenal para dejar constancia de la letra. Mis ideas bullían excitadamente. A veces tenía que retroceder y eliminar o modificar algo, pero avanzaba inexorable. No me detuve hasta que hube terminado, solo entonces guardé el lápiz en mi bolsillo. Me disponía a guardar también la partitura en su sitio, pero justo entonces Demons de Imagine Dragons sonó en mi móvil; me estaban llamando. Dejé la hoja sobre mis rodillas y atendí el teléfono. Era mi padre y me alegró escucharle, aunque no le pude pasar con mis hermanos porque en ese momento no tenía ni idea de dónde estaban. Hablamos un rato, le estaba comentando las expectativas que teníamos acerca del verano en Lullaby cuando mis ojos captaron algo horrible.

Oh, oh. –Susurré, paralizada, viendo cómo una ráfaga de viento levantaba la hoja de papel y se la llevaba volando–. Lo siento papá, le tengo que dar una patada en el culo al viento y... Dios mío, ¡que no la alcanzo! Te quiero, hablamos luego, ¡salúdame a mamá! –Exclamé gesticulando frenéticamente con la mano derecha, como si así pudiese detener la fuerte brisa que se había levantado. Colgué, lancé el móvil a mi bolsillo y cogí la carpeta con una mano. Luego corrí como una loca, persiguiendo a la caprichosa partitura voladora por todo el maldito jardín. Escuché algunas risas en el proceso, ya que seguía gesticulando furiosamente con la mano derecha y despotricando contra el viento de los... cojines.
¡Te ten...! ¿Pero qué mierda? –Fruncí el ceño y adopté una pose graciosamente indignada. Me estaba enfadando de verdad y tuve que respirar varias veces para recuperar algo de autocontrol, ya que la hoja pendía inofensiva e inalcanzablemente de una de las ramas de un árbol.

Rodeé el tronco con mi brazo libre de forma casi cariñosa y clavé la mirada en el papel, que parecía estar enganchado. Imploré paciencia mentalmente.
Si no bajas a la de tres voy a tener que subir a buscarte, y ni a ti ni a mí nos va a gustar eso. –Amenacé, haciendo el payaso más que nada para postergar el inevitable momento. Hasta que asumí que tendría que afrontarlo y trepar para poder coger la partitura. Seguí escuchando risas pero no sabía si eran por mí o por algo totalmente diferente, en cualquier caso no me importó. Apoyé las manos con cuidado, calculé distancias y empecé a escalar con dificultad.
No mires al suelo, no mires al suelo, no mires al sue... Hostia, ¡joder! –Lo primero había sido un mero susurro, lo otro terminó en una exclamación absolutamente indignada. Casi estaba por alcanzar la dichosa rama pero no, tuve que perder pie. Pataleé desesperadamente en el aire y quise caer de pie cual gato, en su lugar me estrellé en el suelo cuán larga era.

Alguien me odia. Mucho. –Musité con una mueca azorada mientras me incorporaba. Sabía que las risas eran por mí en ese momento y las acepté de buena gana; una vez levantada me giré hacia los espectadores chismosos con una suave sonrisa e hice una grácil reverencia. –Gracias, excelentísimo y respetable público. –Indiqué en tono de mofa, y cuando me erguí nuevamente mis ojos claros relampagueaban peligrosamente: todos desaparecieron de inmediato. Algo chocó contra mi cabeza de manera casi imperceptible y por suerte atiné a extender los brazos y recogerlo a tiempo. Milagro, la partitura había vuelto a mí.
Y entonces capté la presencia de un chico sentado por allí cerca, el cuál probablemente lo había visto todo al detalle a juzgar por su mirada. Arqueé una ceja y di unos pasos hacia él.
¿Tommy? –Dudé, pero definitivamente era él. No pude ocultar mi sorpresa. –No me esperaba verte por aquí, ¿qué tal? –Era cierto, su conducta era intachable. Thomas McGee’s era, probablemente, el tío más inocente y buenazo que existía sobre la faz de la tierra. Y no es que yo fuese rebelde tampoco, pero en cuanto a mis hermanos ya era otra cosa. Sabía que él tenía una hermana, quizás estuviésemos allí por lo mismo.
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Re: A la caza de la partitura [Thomas A. McGee's]

Mensaje por Thomas A. McGee's el Dom Jun 09, 2013 1:06 pm

Siempre me pasaba igual. Los primeros días viviendo fuera de casa me hacían dormir extrañamente, costando conciliar el sueño y demás. No me terminaba de acostumbrar fácil a una cama que no era la mía. Me pasaba lo mismo en los primeros días después de vacaciones cuando tenía que volver al internado. El problema de eso es que luego me despertaba tarde debido a que me tiraba horas y horas sin dormir por la noche. Quizás me despertaba temprano pero eso era un gran problema puesto que me despertaría cansado, irritable y con un bajo grado de atención. Sabía que era un problema pero no le podía poner solución. Encima había que sumarle que sufría de insomnio. Por lo que a veces acababa despertando cada dos horas en la noche, lo que molestaba mucho.

Había sido un día cansado por culpa de ello. Me había levantado, había ido a desayunar. ¡Un día sin desayunar iba a ser un mal día! Además de que me ponía de mal humor ir con el estómago vacío a primera hora de la mañana. Me instalé completamente en la habitación sin haber conocido siquiera a mis compañeros pues los había visto de refilón, había dormido con ellos y ni siquiera sabía sus nombres. Supongo que tampoco eran muy amigables o que habría que esperar un poco más de tiempo. No había visto a mi hermana en todo el día. Ya se habría perdido por ahí, quizás ella si que se integró rápido. De todos modos estaba seguro de que al llegar la noche la vería.

En la tarde saqué un libro que quizás jamás leería. Cogí mi móvil y me fui a los jardines. Me senté de espaldas a un tronco de un árbol. Miré la contraportada del libro, me aburría, lo volvía a dejar en el suelo. Cogí mi móvil y eso si que me interesaba. Me quedé bastante tiempo hablando con amigos, viendo fotos, o simplemente leyendo las nuevas noticias de Twitter. Dichosa red social, nos tenía pegados a todos al móvil.

¡Y comenzó el espectáculo! Se escuchaban risas. Giré la mirada hacía mi izquierda y una chica se movía de lado a lado corriendo, gritando, supuse que al papel. Y era curioso porque me daba que ella misma sabía que las risas eran por ella. Cuando alcancé a verle la cara me quedé riendo más porque sabía perfectamente quien era. Coincidencia. Quizás el mundo no es tan grande. Al final acabaría aquí hasta mis mejores amigos. Náh, no seamos idiotas. Todos ellos no dejarían de lado los mejores campamentos para acabar aquí. Aunque para mi gusto no estaba tan mal. Era un campamento y la gente cuando iba a un campamento solía querer lo que iba haber en este mismo.

Me encantó verla quejarse. Era igual que siempre. En los caballos hacía lo mismo, o eso quería recordar. Quizás me estuviese confundiendo pero me daba que no. Realmente por reglas de protocolo de mamá yo no gritaba tanto. Eso de alzar la voz no era lo mío. Yo gritaba para mis adentros. Maldecía lo malo que era al caballo aunque luego ganase. Pero al principio tampoco era alguien bueno, al menos ni para un cuarto puesto. ¡De hecho, cuando quedé cuarto por primera vez llegué feliz a casa! Aunque a papá no le sentó muy bien, el quería el primer premio. Según él se participa para ganar, no se debe jugar para ser uno más.

Y se acercó. Saludó. Me levanté. - ¡Sheridan! - Saludé yo también. Me acerqué para darle un abrazo. A los amigos se les saludaba así y yo tenía -al menos- la confianza como para considerarla tal. - Lo mismo digo. No me lo esperaba para nada. - Dije asintiendo. Lo cierto es que con miles de solicitudes que me decían de ir a tales campamentos acabar aquí era algo extraño. Pero esto no manchaba tu expediente, quizás era muy tonto. Aunque un verano te puede cambiar, y acabé viniendo aquí con el miedo de mamá a que me convirtiese en alguien que no fuera agradable. Y me da que con la esperanza de que Niccó fuera la que era antes. - No sé si conoces a mi hermana, pues... a ella no la admitieron en muchos campamentos y yo lo que quería era el último verano antes de la universidad junto con ella. Así que eso hice... ¿Y tú? ¿Cómo acabaste aquí? - Pregunté sonriendo. Si no mal recordaba era una chica de bien, es decir, no de mala conducta.
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Re: A la caza de la partitura [Thomas A. McGee's]

Mensaje por Sheridan D. O'Reilly el Dom Jun 09, 2013 8:19 pm

Era él, ya no tenía dudas. Mis labios desplegaron una amplia sonrisa y corrí para eliminar los metros de distancia que nos separaban. Me recibió con un abrazo y aquello me pilló por sorpresa, yo no era muy dada al contacto físico pero me relajé y le devolví el abrazo riendo por lo bajo. Intercambiamos miradas divertidas, él y yo éramos personas que en aquel campamento pintábamos poco. Sobre todo él. Pero por supuesto, siempre podían haber segundos motivos tras nuestra estancia allí, y por mi parte sin duda los había.
Sacudí la cabeza y solo entonces me di cuenta de que llevaba varias hojas y ramitas en el pelo a causa de mi desastrosa escalada y la consiguiente caída. Hice una mueca que pretendía expresar disgusto pero que con toda probabilidad se había visto más cómica que otra cosa.

Me las quité con rapidez, aunque seguramente fue gracioso el proceso ya que después giré medio cuerpo en ángulos extraños para ver si tenía más, sin resultados concluyentes. –¿Tengo más hojas en el pelo? –Me rendí al fin, dando la tarea por imposible. Terminé de meter la partitura en la carpeta y me senté con cierta resignación.
Sí, pero solo de vista –Aclaré en lo que a su hermana se refería. La había visto con él y eso algunas veces, pero nunca habíamos llegado a hablar que yo recordase. Suspiré con diversión.

Te entiendo. Yo estoy aquí por mis hermanos, aunque en realidad es el tercer año que venimos al campamento. Digan lo que digan no está tan mal, los veranos en Lullaby son inolvidables. Y se pasa bastante bien en los clubes, siempre que a uno le guste lo que hace. –Comenté animadamente–. ¿Entonces qué carrera vas a estudiar al final y en dónde? –Cambié de tema, para Tommy iba a ser el primer año si no estaba equivocada. Esperaba que se salvase de las típicas novatadas, él era más bien inocente y aquellos primeros días podían ser extenuantes para él. Yo estaba estudiando en la NYU, tras el verano empezaría mi segundo año en la carrera de psicología.



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Re: A la caza de la partitura [Thomas A. McGee's]

Mensaje por Thomas A. McGee's el Lun Jun 10, 2013 4:19 pm

Me quedé buscando entre su pelo con mi mirada. Avisté alguna. - Mmm... aquí...y aquí... ¡Ah! Y aquí. - Indiqué mientras quitaba con delicadeza las hojas restantes de su cabello. No eran muy notorias pero ahí estaban. Ya estaba a salvo de hojas. O quizás unos bichos que estuviesen entre esas hojas que se meterían entre su pelo. ¿Piojos? ¿Pulgas? Pues ale, campamento arruinado. Pobre. - Aún así yo de ti me echaría un champú de esos fuertes, muy fuerte... - Comenté. Quizás el campamento tuviese champús de ese tipo. Yo los traerías si fuese el dueño. Hay niños, niños que acaban de esa manera. ¡Hay que ser positivos! Quizás solo hubiesen hormigas... aunque dicen que las hormigas se te pueden meter en el oído y hacer cosas malas, muy malas. - Que te calles Tommy - Gritaba mi voz interior, y me callé.

Pues un día quedamos, te la presento y os hacéis amigas. Sé que os vais a llevar bien. Así, para que te hagas una idea, es un poco opuesta a mi. - Comenté pensativo. ¿Y si en realidad no eramos tan opuestos? Ella prefería hacer locuras, yo me divertía con ellas. Aunque siempre intentaba solucionarlas y ella las dejaba tal cual. ¡Nos gustaban los animales a los dos! Aunque yo los paseo y ella juego con ellos. ¡Y nos gusta ir al parque de atracciones! Aunque ella disfruta con todas y cada una de las atracciones y yo sufro cuando me tengo que subir a la montaña rusa. Vale, somos opuestos.

El tercer año. Seguía viniendo. No había sido corrompida. Mamá se iba a llevar una gran alegría al saber eso. - ¿Y qué cosas suelen hacer aquí? Yo me inscribí en dos clubes, el de música para tocar el piano, y el de natación. Lastima que no hubiese de caballos... ¡Podríamos correr! - Pensé. Pero no. Quizás el presupuesto del campamento no llegaba al mantenimiento de los caballos. Era caro, muy caro. Mejor dejarlo ahí. - Y estudiaré empresariales para luego trabajar en la empresa de mi padres. - Dije, aunque más bien era para contentarlo. Realmente a mi me daba igual en qué trabajar, eso parecía estar bien así que no puse pegas. - Y aún no sé en que universidad estudiaré, tengo propuestas de muchas universidades pero no sé... me da cosa no seguir estando en la misma que mi hermana... por lo que ya veré. - Contesté algo desganado. Yale me encantaba pero empezar algo sin mi hermana era algo que me dolería mucho. El título de Yale era bastante prestigioso pero... mi padre ya me iba a dar el liderazgo de su empresa... ¿Realmente lo necesitaba? Quizás mi hijo si necesitase tal título para poder entrar él.
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