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Sheridan D. O'Reilly [ID]

Mensaje por Sheridan D. O'Reilly el Sáb Jun 08, 2013 6:12 pm


Sheridan Drusilla Jane O'Reilly Jordan♣
Your eyes, they shine so bright I want to save their light, I can't escape this now, unless you show me how ♣


Psicologíco

Sheridan: una inofensiva perla, un diamante en bruto, un huracán impredecible, una joya de diseño sencillo en apariencia pero mucho más intrincada en realidad. Desborda seguridad y confianza por todos los poros, y es así; no tiene una autoestima realmente alta, pero tampoco baja. Cree en sí misma y sabe lo que es capaz de hacer, así como piensa que los límites están donde uno mismo se los ponga. La verás andar con la elegancia y el seductor peligro impresos en cada paso, y sin embargo no te fijarás en ella porque es muy buena pasando desapercibida cuando le interesa. Si quisiera podría ser el centro de todas las miradas de una habitación, pero no quiere; le incomoda la atención excesiva y busca las multitudes para mezclarse con la gente y no ser vista fácilmente.

No es una Naughtie. Es una Fray, pero aún así tiene ese aire de tipa dura. Cualquiera diría que proviene de una familia riquísima, pues vive con el instinto de la calle a flor de piel. No la pillarás desprevenida nunca, y si lo haces no te lo mostrará. Tiene un instinto de supervivencia muy arraigado, pero no dejará atrás a nadie si va acompañada. ¿Miedo? ¿Ella? Sí, muchísimo, ha convivido con el miedo toda su vida; pero se enfrenta a él, no se deja caer y sigue adelante. Quienes la han visto en fiestas de sociedad o en los periódicos junto a su acaudalada familia ven en ella a una chica muy elegante, recatada sin ser una puritana, tímida pero muy inteligente. Pero no es exactamente así.

No faltan los que la juzgan sin saber, esos que creen percibir en ella a una chica arisca y arrogante porque habla poco y a veces hace uso del sarcasmo, o de un humor que no cualquiera capta. También es verdad que no es muy dada al contacto físico, Sherry no es ese tipo de chicas que se pasa el día abrazando a la gente. Si le importas lo demostrará con hechos, a veces se deja llevar por la espontaneidad pero los gestos que verdaderamente cuentan son claramente reconocibles por su profundidad. La castaña no es de las que dice “te quiero” fácilmente y mucho menos a cualquiera, pero cuando lo haga será mucho más importante que si lo hiciera siempre.

Nada de aire soñador. O’Reilly vive con los pies firmemente anclados a la tierra y la cabeza sobre los hombros... y eso no quita lo torpe que puede llegar a ser a veces, que es bastante. Pero su elegancia natural lo compensa, dotándola de una gracia muy aristocrática. No es presumida, no halla la felicidad en cosas materiales y el dinero solo es un mal necesario, no le gusta gastar sin control aunque no escatimará gastos con sus seres queridos; por ellos, cualquier cosa. Perfeccionista y exigente consigo misma, si hace algo o lo hace en condiciones o no lo hace. Obstinada, cabezota y terca como una mula, si se le mete algo en la cabeza ya no se lo sacan ni moliéndola a palos... aunque si reconoce que se ha equivocado pedirá perdón y rectificará humildemente.

No se trata de una chica problemática ni nada de eso, aunque bien podría serlo. Pero sí es rebelde en el sentido de que nadie le va a dar órdenes que ella no quiera cumplir, ni la va a pisotear para pasarle por encima, ni tan siquiera engañarla. Hace lo que quiere, como quiere y cuando quiere; pero se las apaña de una forma tal que no crea escándalos ni conflictos, su carisma suele salvarla de muchas situaciones incómodas. Sincera, lleva la franqueza por bandera pero no hiere con sus verdades a no ser que lo estime necesario. Puede decirse de ella que es tranquila, le gusta estar al aire libre y pasar tiempo en soledad sin molestar ni ser molestada. Dale su guitarra, sus partituras, papel y boli y solo con eso ya es feliz.

La naturaleza, los animales y los deportes al aire libre la apasionan. Y aunque parezca mentira por vivir en el seno de una familia rica, a Sheridan nunca le ha importado ensuciarse en el barro o llenarse de tierra al caer. Si no fuese porque en ese entonces sus condiciones de vida no eran las mejores, habría sido esa niña que comía chocolate con guantes blancos en el teatro más famoso de la ciudad. Entre amigos y gente que no teme que la juzguen es extrovertida, risueña, bromista y con esa chispa traviesa latiendo en su mirada; vivaz, ingeniosa, una chica normal como otra cualquiera pero que nunca traicionaría una amistad por nada del mundo.

Tiene una moral clara que quizá no es aprobada por todo el mundo, pero que no piensa cambiar. Es muy observadora y siempre analiza todo lo que la rodea, personas incluidas. En una pelea es ella la que interviene para separar a ambos contrincantes, y si no puede por lo menos para defender al más débil. Enfadada se vale de argumentos hirientes y mordaces, la fuerza física la usa solo en casos extremos y siempre en igualdad de condiciones. A la hora de debatir se caracteriza por su polémica, tanto en temas de debate como en opiniones. Y en deportes o competiciones de cualquier tipo, sin duda es competitiva como la que más aunque sabe perder y lo hace con gran elegancia.

Como amiga es buena confidente, sabe escuchar y guardar secretos. Ojo porque tampoco es la que llorará contigo si te ha pasado algo malo, sino aquella que te arrastrará por ahí a hacer la mayor locura que se le ocurra; y una vez consiga hacer renacer esa sonrisa que tanto ama en tu rostro, irá a ponerle las pilas al imbécil que te hizo daño... porque también es criminal el que mata una sonrisa. En el amor la cosa es distinta, no se considera deseada porque aún siendo rica y atractiva tiene cerebro, no baila al son de nadie y no es una joven convencional. Arrastra un pasado, uno que la gente con la que se codea ahora nunca aceptaría. Así que se limita a disfrutar las aventuras que le salgan al paso, que ya le llegará el indicado o la indicada.


Historia ♣


Los O’Reilly eran de procedencia irlandesa, pero emigraron a EEUU en el año 1807. Dean O’Reilly, último miembro vivo de la familia era no solo un psicólogo reconocido sino además un rico empresario bastante apreciado entre la clase alta. Se casó con June, una actriz famosa por su papel en una serie televisiva de temática policíaca. Cualquiera podrá decir que fue por pura conveniencia y publicidad extra para ambos, pero sí que se amaban y el fruto de ese amor fue su primera hija, que nació un año y medio después de la magnífica boda en la capilla de St. Patrick en Nueva York. Perfectamente sana, con una pelusilla castaña en la cabeza y los ojos azules de todo recién nacido. Decidieron que se llamaría Sheridan Drusilla, Dean la llamaba Sheri pero June siempre prefirió Sherry; casi iguales, pero de diferente pronunciación. Sin embargo la felicidad no les duró mucho, ya que tras la primera vez que la vieron, en el parto, los médicos les dieron la terrible noticia de que la pequeña había nacido muy débil y había muerto horas más tarde en la incubadora.

Hubieron muchas cosas extrañas a partir de aquel momento, como por ejemplo el hecho de que ambos progenitores estaban absolutamente seguros de que el cuerpo presentado no pertenecía a su hija recién nacida. Desde ese momento se dedicaron a investigar todo aquello, y cuando se descubrió un feo asunto de tráfico de niños (obviamente ilegal), en dicho centro no dudaron en tirar de ese hilo para averiguar más. El hospital cerró con los años por falta de fondos y los O’Reilly siguieron muchas pistas sin llegar a nada concluyente.

Mientras tanto en Ohio una niña recién nacida era acogida en el seno de los Jordan, una familia de clase media y aparentemente perfecta. La llamaron Drusilla Jane, su primer nombre al parecer influenciado por el segundo verdadero. No había pruebas de nada excepto unos documentos que guardarían celosamente en el desván, donde nadie tendría por qué buscarlos. Los primeros años fueron bien hasta que todo cayó por su propio peso. Aquella pareja ni se amaba ni tenía nada en común, y una hija en lugar de juntarlos no hizo más que separarlos. Elliot y su adicción a la bebida, Terry y su fanatismo cada vez más obsesivo por la religión; los golpes de él, los rezos de ella, los gritos de ambos y el llanto de la pequeña que no entendía nada.

Y cuando Terry empezó a pasar cada vez más tiempo en la habitación de invitados, su nuevo dormitorio y capilla improvisada, las manazas de Elliot pagaron sus frustraciones con la pequeña Drusilla. Mientras los niños de su edad jugaban en la calle, ella sólo podía envidiarlos al mirar por la ventana... y hacer todas las tareas del hogar que su madre fue dejando de realizar. Creció como una esclava. Incluso cuando le tocó asistir al colegio, por la mañana las clases y por las tardes directa a casa. Pocos eran los amigos que tenía, era la típica niña con la que los matones se metían en la escuela... hasta que supo y pudo imponerse.

Esto ocurrió cuando tenía diez años aproximados. La muerte de su supuesta madre, agotada por una vida cruel y aquejada de una enfermedad hósea que Elliot no contribuyó nunca a aliviar significó que Dru estaba sola. Quizás también lo hubiera estado antes, pero algo había cambiado. Y el miedo despertó su instinto de supervivencia. Paso a paso fue imponiéndose. La furia hizo en ella un trabajo admirable, y poco a poco fue convirtiéndose en la tipa dura que hoy es. Desde lo más hondo fue ascendiendo peldaños. Quizás no era la más fuerte, pero sí muy inteligente y usó la astucia a su favor. Con el paso del tiempo ya no le hizo falta huir; la vida de la calle transformó su carácter, hasta entonces moldeable. Cuando sus zapatillas gastadas resonaban rítmicas contra el asfalto; cuando se asomaba por una esquina con su sonrisa fiera, sus claros ojos destellando de odio y la alborotada melena castaña arremolinándose a su espalda... quienes sabían de Dru comprendían que con ella no se debía jugar.

Drusilla hizo amistades que la ayudaron a salir adelante por su cuenta tras enseñarle lo que sabían. Pasaba poco tiempo en casa, pero aún no podía hacerle frente a la furia abrasadora de su padre y menos cuando éste la vió como algo más que su hija... pensándolo bien, ni siquiera la había visto como tal alguna vez. Tenía catorce años cuando, al refugiarse en el desván para huir de su padre, encontró aquellos viejos papeles que sugerían que era hija de otras personas. Los escondió en otro sitio de inmediato para averiguar algo después... e hizo bien, porque la paliza de esa noche fue la peor de todas las recibidas. Claro que ella también se defendió y contraatacó, si no se hubiese mostrado tan agresiva quizás Elliot no se habría enfurecido hasta aquel punto. La policía llegó a tiempo, alertada por una tercera persona a quien, aún sin conocer, la castaña estará eternamente agradecida; esa noche estuvo a punto de morir, y si no la hubiesen llevado a tiempo al hospital probablemente no la habría contado. Tenía muchos huesos rotos y la sangre que perdía por momentos era abundante.

Pasó un par de semanas recuperándose en el hospital y cuando salió lo hizo en silla de ruedas, su rehabilitación duró meses y al final volvió a recuperar tanto la movilidad como la fuerza de antaño. Eso sí, no podría bailar profesionalmente ni practicar ciertos deportes. Además, la perfecta suavidad de su piel se vió arruinada por unas pocas cicatrices que por suerte quedaban ocultas bajo la ropa. Durante todo ese tiempo la acogieron unos vecinos, y fueron ellos quienes la ayudaron a localizar a su familia biológica... aunque Dru jamás imaginó que los O’Reilly del papel eran los ricachones que salían en periódicos y revistas de cotilleos. Cuando un año después de lo sucedido con Elliot –que fue encarcelado lógicamente– se encontró en la parte más lujosa de Nueva York, a punto de conocer a los famosos Dean y June O’Reilly, incluso pensó que todo aquello era un terrible error y que en cuanto la vieran le dirían que se habían equivocado de persona.

Pero no fue así. Y más importante que adaptarse a vivir en una mansión, habituarse a su verdadero nombre y aprender a ser la perfecta dama de sociedad, tuvo que acostumbrarse a eso de tener una verdadera familia. Dean y June, sus padres, habían dado vueltas por América esos quince años sin encontrarla y ahora que la tenían junto a ellos pensaban recuperar el tiempo perdido. Con él la relación se dio fácilmente; fue su amigo, su psicólogo, un apoyo fundamental en su vida y sobre todo a la hora de avanzar en la superación de sus múltiples fobias, traumas que arrastraba desde la infancia y que aún hoy la hacen despertar entre pesadillas.

En cuanto a June fue más difícil porque no parecían tener muchas cosas en común... hasta que descubrieron su afición por cocinar. Sheridan lo había hecho desde pequeña, pero era una tarea que siempre la había relajado y aprender tantas recetas nuevas de su madre fue simplemente maravilloso. Además de ellos dos tenía un par de hermanos menores, una chica (que era la mediana), y un chico.

Al principio parecía que con su hermana no iba a llevarse muy bien, por más que trataba de ir en son de paz ella buscaba provocarla deliberadamente. La relación fue tensa las primeras semanas, pero después mejoró con el descubrimiento de sus gustos musicales en común y que a Sheridan se le daba bien cantar, igual que a ella. Fue apuntada a clases de canto, piano y guitarra junto a su hermana aunque la chica ya sabía algo por su cuenta, pero lo agradeció profundamente. Y en cuanto a su hermano... congeniaron desde el primer momento en que sus miradas se cruzaron. De modo que no hubieron problemas y durante los años siguientes Sherry se dedicó a vivir la vida que realmente debía haber vivido; estaba junto a su familia de verdad, se sentía querida y por primera vez en su vida sabía con seguridad lo que era la felicidad.

Los años han transcurrido. Sheridan no habla sobre su pasado, sólo sus padres saben a ciencia cierta lo que vivió la castaña y sus hermanos lo sospechan pero nunca se han atrevido a preguntarle. Acaba de terminar su primer año de la carrera de psicología, ya han pasado cuatro años desde que vive con su familia biológica y no es la adolescente silenciosa, desconfiada y feroz que se presentó ante las puertas de la mansión O’Reilly con las maletas tras ella. Procura estar menos a la defensiva, abrirse más a la gente y ser más como una chica normal. Pero las vivencias nunca se olvidan, y el pasado puede volver en cualquier momento. Acude al Lullaby Campament desde hace tres años con sus hermanos, ya que a estos no los admiten en cualquier campamento para ricachones a causa de su rebeldía.


Familia ♣
Dean y June O’Reilly, padres biológicos.
Elliot y Terry Jordan, padres ¿adoptivos?
Hermana mediana, 18 años.
Hermano menor, 17 años
Otros Datos ♣
Apodos: Sher, Sheri, Sherry, Dru, O’Reilly, Jordan.

Edad: 19 años.

Nacionalidad: Americana.

Grupo: Frays.

PB: Lonneke Engel.


» Thanks CoCo♥.

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Re: Sheridan D. O'Reilly [ID]

Mensaje por Tiffanny C. Montesquie el Sáb Jun 08, 2013 6:17 pm

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