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¿Dónde están los elfos domésticos cuando los necesitas? #Sarah

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¿Dónde están los elfos domésticos cuando los necesitas? #Sarah

Mensaje por Caleb J. Shultz el Lun Jun 03, 2013 9:08 pm

Aquel había sido un día de locos. Ese lugar era jodidamente increíble. Los ricos nenes de papá sí que sabían divertirse. Ese día lo habían invitado un grupo de Wommies a hacer ski acuático, a lo cual por supuesto él aceptó sin pensar. La cosa tenía como objetivo lucirse frente a unas Lollies, al menos para ellos, él jamás había practicado ese deporte y estaba demasiado ocupado disfrutando de la experiencia como para prestarle atención a las chicas. Siempre sucedía lo mismo: sus amigos se peleaban por llamar la atención de un par de chicas y Caleb se quedaba como un idiota atrás, jugando con sus dedos y esperando a que la chica perfecta cayera del cielo. Pero bueno, perseguir chicas no entraba en sus hobbies y dudaba que en algún momento lo hiciera. Las respetaba demasiado como para hacer que sufrieran un intento de coqueteo de Caleb. Recordó, en su cama, la última vez que quiso coquetear con una chica. Estaba en una fiesta, algo borracho y sus amigos lo habían convencido de que tenía chances con una morocha despampanante. A causa del alcohol, él les creyó y fue tras ella. La muchacha pareció interesada por tres segundos, hasta que Caleb abrió la boca y comenzó a hablarle sobre la diferencia de las Skittles de paquete rojo y las de paquete morado. Era patético, se le trababa la lengua, no sabía que decir, y la morocha había terminado yéndose con uno de sus amigos. Gran noche para Caleb.

Se encontraba en su cama mirando el techo, enredado en la sábana, en bóxers y sin poder dormir a causa del calor. Era lo único que odiaba del verano: el calor sofocante, ese que te ahogaba, que no te dejaba respirar. Ese calor tan intenso y húmedo que hacía que aunque estuvieses rodeado de ventiladores, las gotitas de sudor aún resbalaran por tu cuerpo. Sus compañeros roncaban como... como... como marmotas. Un segundo, ¿las marmotas roncan? Bueno, no era hora para ponerse a pensar en eso, el hecho es que roncaban y mucho, y él era incapaz de conciliar el sueño. Probó contar Skittles en su mente, pero no funcionó, sólo le dio hambre. Perfecto. Ahora estaba muriendo por un vaso de agua helada y un buen paquete de Skittles. Pero cuál era mejor, ¿el rojo o el morado? Rió por lo bajo ante su propia estupidez y juró nunca más tratar de conquistar a una chica en una baile, aunque eso significara que no tendría sexo en un bueeeen tiempo. De cualquier forma, no era fanático del sexo casual. Todo un tonto chapado a la antigua, como decían sus amigos.

Se revolvió en la cama y ahogó un grito de frustración en la almohada. ¿Por qué ellos podían dormir y él no? Eran las tres de la mañana de un puto jueves, no había ninguna fiesta secreta de la que él estuviese enterado, y aún así no estaría invitado. Se llevaba bien con el resto de los grupos, pero tampoco para tanto. Finalmente el sonido de su estómago lo convenció, iría a comer y beber algo, aunque se metiera en problemas. Los demás hacían cosas mucho peores y no eran amonestados, no lo iban a castigar por ir a buscar algo de beber. Ni siquiera consideró la idea de colocarse una camiseta, hacía demasiado calor para tener pudor. Así que en sus bóxers negros, descalzo y con el torso al desnudo se dirigió a la alacena. Caminaba tranquilo, rascándose una nalga, en donde un bicho lo había picado esa tarde. Dios, como odiaba a los bichos. Todo estaba a oscuras, nadie estaba vigilando. Abrió la puerta y entró, tanteando la pared para buscar el interruptor de la luz, pero antes de que pudiera encontrarlo algo en el suelo lo hizo tropezar y cayó de trasero al suelo haciendo gran estruendo.
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Re: ¿Dónde están los elfos domésticos cuando los necesitas? #Sarah

Mensaje por Sarah L. Aldridge el Mar Jun 04, 2013 1:24 am

-¿Tenías que llegar precisamente hoy?. Se lamentaba una evidente malhumorada Sarah en su cama.

Después de una típica rutina en el campamento había llegado a su habitación con la firme intención de darse un baño relajante, aprovechando que las chicas no estaban (como era de esperarse) en la habitación, punto para ella; mas agua caliente. Con el correr del agua por su delicada figura Sarah pudo distanciarse por completo de lo que podía o no estar pasando fuera de la cabaña, algo que agradecía de sobremanera. Salió de la ducha impregnada del aroma a vainilla de sus lociones y se colocó solo la ropa interior, estando sola o con las chicas no era del todo pudorosa, no se preocupaba realmente por ello, fue entonces cuando se percató de algo que estaba fuera de su lugar, era un paquete de envío, lo conocía a simple vista por su tamaño. Peinando sus cabellos húmedos con sus finos dedos se sentó en la cama, probablemente lo habían traído cuando estaba en la ducha, su piel se erizó involuntariamente cuando leyó quien era el remitente; Sus padres.

Mientras leía las finas letras de la caligrafía de su padre mas quedaba en claro que era una orden y no una invitación amorosa y anhelante de su regreso a su país de nacimiento. Habría una reunión en su casa, de aquellas a las que hacía mucho tiempo no había asistido precisamente por no ser invitada, e interiormente no interesarse en el tema. Sin embargo esta sería especial, desconocía la razón, pero lo suponía por el simple hecho de que necesitaban de su presencia, anexó había una cantidad considerable de efectivo, con el único propósito de que se comprara un vestido llamativo. Cuando no puro resoplar ni rodar mas los ojos optó por romper el papel con ganas y levantarse rápidamente buscando prendas de ropa de su armario; necesitaba salir, con urgencia. Se sentía encerrada y, mas aún, que las paredes se ceñían a ella, ni siquiera Solenn estaba en la habitación para desahogarse. Sin embargo no le tomó mucho tiempo, Sarah no dudaba en lo que hacía y tenía en mente a que sitio iría. Se colocó un short deportivo y una camisa de igual estilo, se calzó unos tenis y ató sus cabellos en una coleta alta, preparó una mochila con lo necesario y abrió la puerta, encaminándose al campo de futbol, ¿la hora?, la luna de alzaba firme y brillante, probablemente fuera el blanco de otro castigo.

Perdió el ritmo de las horas mientras practicaba movimientos y lanzamientos, lo hacía con furia, con rencor, mas de una vez dio de lleno contra el marco de la portería, tenía muy buenos reflejos así que pudo esquivar el balón. Después de una hora y media (quizás mas), tomó un respiro estirando su cuerpo y relajando sus músculos, no había sudado del todo, pero las regaderas del jardín empezaron a hacer su trabajo nocturno por lo que Sarah tuvo que tomar sus cosas e irse antes de que el agua la empapara por completo. Mientras caminaba su estómago rugió en un llamado de atención, no había comido muy bien y ya le estaban pasando factura. Se encogió de hombros, ya las chicas estarían durmiendo, supuso que serían las 02:00am aproximadamente y pensó en pasar al almacén en busca de algo que comer.

Llegó al lugar sin ningún contratiempo, era demasiada su suerte el no contar con la presencia de monitores. Dejó su bolso en un apartado, aquel lugar era mas grande de noche que de día, o tal era su hambre que le parecía inmenso. Buscó una manzana entre todos los alimentos y se sentó en una mesa apartada a comer, no había encendido la luz, prefería la oscuridad de la noche, la ventilación del lugar era suficiente y solo algunos reflejos de la noche permitían que no se perdiera, era una paz que la tranquilizaba de la adrenalina anterior. Estaba dando el quinto mordisco a la fruta cuando alguien entro haciendo que de principio se sobresaltara, era una figura masculina por la altura y la contextura que podía notar, sin embargo la morena no dijo, nada, solo sonreía en silencio viendo como el chico en cuestión buscaba el interruptor, solo que antes de que pudiera verlo algo lo hizo tropezar, ¿sería el balón que llevaba en mano?. La chica no pudo evitar una sonora carcajada y dejó la fruta a un lado acercándose al chico, tomando su brazo en la oscuridad y ayudándolo a levantarse sin siquiera palpar para encender la luz -Creo que si haces mas ruido pueden llegar todos los monitores, no me importan los regaños pero no necesito uno ahora.
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Re: ¿Dónde están los elfos domésticos cuando los necesitas? #Sarah

Mensaje por Caleb J. Shultz el Miér Jun 05, 2013 3:23 am

Auch. Su trasero. Su pobre trasero había sufrido una buena caída contra el suelo, pero al menos había sido refrescante. El piso estaba helado, le dio deseos de acostarse en él y revolcarse hasta que se le pasara el calor. Tenía que admitirlo, era un chico un poco excéntrico, pero como decía John Katzenbach en su libro "La Historia del Loco", ser excéntrico era... bueno, no lo recordaba bien, no retenía bien lo que leía, pero mierda, le gustaba leer, ¿de acuerdo? Siempre había sido un lector ávido, gracias a ello había obtenido notas excepcionales en la escuela, las que hubieran sido aún mejores si no se hubiera enamorado de cierta arpía que le rompió el corazón y rompió con toda su concentración en clase. Recordaba cómo ella jugaba con él, cómo mordía la punta del lápiz y jugaba con él en su boca, cómo lo provocaba, cómo jugaba con su cabello y lo miraba sugerentemente, todo para luego reírse con su novio, el capitán del equipo de fútbol, de cómo se le caía la baba al verla -a veces literalmente-. Pero no era hora de pensar en ella, aunque el dolor en su trasero y ella tuvieran muchas cosas en común. Estaba a punto de incorporarse cuando una carcajada femenina lo paralizó. Perfecto, lo que necesitaba, chicas riéndose de él. ¿Era mucho pedir un poquito de paz?

Sintió la sangre fluir rápidamente hacia sus mejillas, ruborizándolo. Al sentir que la muchacha se acercaba quiso incorporarse, pero sólo resbaló nuevamente con la misma cosa que lo había hecho caer en primer lugar. Eso definitivamente dolería en la mañana. ¿Acaso era una pelota? Se sentía el mayor idiota del mundo y rogó a cualquier deidad existente que la tierra lo tragara. Cuando ella lo tomó por el brazo no pudo evitar estremecerse levemente, pero al escucharla hablar algo le sonó familiar, algo lo tranquilizó. Se incorporó con su ayuda y se frotó el trasero con la mano libre, mientras buscaba el interruptor de luz. Necesitaba saber a quién se enfrentaba. Cuando la luz finalmente iluminó la habitación, suspiró con alivio al ver de quien se trataba.
- Sarah -dijo en un murmuro tranquilizador, hablándose a él mismo. Recordaba a la chica, por esas casualidades de la vida se habían topado una vez en el patio. Él estaba con su guitarra, a ella le había gustado su música, y bueno, superando su timidez, había logrado hablar con ella amenamente. Era una chica simpática, le caía bien. Pero vamos, era raro que alguien no le cayera bien a Caleb.

De repente, fue más que consciente que se encontraba tan sólo en bóxers, por lo que no muy disimuladamente llevó sus manos a su entrepierna y caminó rodeándola hasta el grifo, tomando un vaso y llenándolo con una mano, mientras que con la otra aún se cubría la entrepierna.
- ¿Q-qué haces por aquí a estas horas? -preguntó con curiosidad, mientras le daba un sorbo al agua. Enseguida la escupió, estaba caliente. Hasta la jodida agua estaba caliente. Aún con la mano en la entrepierna, la cual se negaba a mover, caminó hacia una de las heladeras y sacó un poco de hielo, poniéndolo en el vaso. Revolvió la bebida y finalmente dio otro sorbo, esta vez dejando que el hielo tuviera contacto con sus labios, refrescándolos. Sí, eso se sentía tan bien. Era exactamente lo que necesitaba. Se olvidó por un momento de la presencia de Sarah y se apoyó contra la heladera, deslizándose contra ella hasta quedar sentado en el suelo con las piernas extendidas. No lo pudo evitar y se tiró el agua encima, en busca de alivio.

Una vez más, miró a la castaña y le sonrió tontamente. Al fin se había sacado el calor, se sentía como si hubiera encontrado un oasis en medio del desierto.
- Lo siento, estaba muriendo -se disculpó con voz débil, cerrando los ojos y dejando el vaso a un lado, disfrutando el hecho de que los hielos se deslizaban por su torso lentamente, casi congelándolo. Volvió a llevar sus manos a su entrepierna y así se quedó, disfrutando del frescor, intentando no sentirse intimidado por la imponente chica que se encontraba viéndolo y, probablemente, juzgándolo.


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Re: ¿Dónde están los elfos domésticos cuando los necesitas? #Sarah

Mensaje por Sarah L. Aldridge el Miér Jun 05, 2013 11:22 am

Condenada luz. Por un momento los ojos claros de Sarah se vieron cegados por la intensa luz que el chico en el suelo había encendido, ahí descubrió que estaba acostumbrada a la oscuridad del lugar y únicamente al brillo de la luna que se alzaba imponente fuera del edificio. Le costó un poco acostumbrarse a la idea de una habitación completamente iluminada, pero eso fue lo que le permitió ver el rostro del desconocido, era Caleb, uno de los chicos del campamento. Lo primero que agradeció fue que se tratará de un conocido, por lo menos podía evitar el hecho de dar explicaciones a alguien que no trataba, además de omitir presentaciones innecesarias, había conocido a Caleb hacía tiempo, un día que estaba tocando música y Sarah (curiosa despues de todo), se acercó a ver. No era persona de ser amiga de todos pero le pareció que el chico era una persona fácil de tratar, eso era uno de sus beneficios, la morena era demasiado analítica con las personas y, con el tiempo, podía tener la facilidad de descubrir que tan amables (o detestables) serían con tan solo una mirada. Su timidez la hizo sonreír un poco, fue una conversación amena, y para ese momento Sarah necesitaba de aquello, de un cruce de palabras casual, que no esperara nada a cambio o que ella tuviese que aparentar, aunque eran muy pocas las veces que lo hacía. Luego fue que se dio cuenta de un insignificante detalle; Caleb no estaba del todo vestido.

Sarah no pudo evitar ruborizarse, quizás demasiado, no era precisamente porque le diera mucha pena ver el cuerpo de un hombre, al contrario, desde que había llegado al campamento los chicos se la pasaban en la mayoría de su tiempo sin camisa, incluso mas de lo que ella podía recordar, por lo que era un detalle. Sin embargo su cuerpo respondió por si solo ruborizando sus mejillas levemente.

Se quedó parada en el lugar donde lo había ayudado a levantarse, viendo todas y cada una de sus acciones con los ojos muy abiertos -Yo... Iba a decir la razón por la cual estaba en el lugar, inventar alguna que otra mentira para no profundizar en el tema de sus padres y cuanto detestaba que le escribieran y mas buscando que asistiera al mismo lugar que ellos, eran detalles que muchos desconocían, y ante una situación tan espontanea la chica no se sintió preparada para ir mas allá, omitiendo el detalle que Caleb quizás no se sintiera interesado de saber muchos detalles de su vida. A penas se conocían. Soltó su cabello con cuidado, pasando sus dedos por las hebras suaves, algo que hacía cuando estaba siquiera un poco nerviosa, no era por su presencia, pero tampoco conocía el porqué. Sonrió un poco cuando vio al chico tomando el agua fría, con tanta prisa que él llevaba había olvidado decirle en que parte de la heladera estaban los hielos o el agua lo suficientemente fría. -Estaba...con algo de hambre, fui a practicar un poco y vine a comer, solo que lo que encontré fue una simple manzana, no creo que halla algo mas. Comentó encogiéndose de hombros mientras abría sus ojos de par en par viendo al rubio bañarse con el agua que quedaba, el calor de sus mejillas aumentó mas, lo consideraba algo natural por lo que no se preocupó, simplemente se dio la espalda y empezó a buscar algo en la infinidad de su bolso.

Había llevado demasiadas cosas, mas de las considerables, y todo aquello era porque no sabía donde la tomaría desprevenida la noche, y no consideraba entre sus opciones regresar muy tarde a la cabaña y despertar a las chicas, buscando mas atención seguramente -¿En donde estas?...no te preocupes. Por un momento la timidez por el estado de Caleb desaparecieron, además era obvio que el chico no era una película de terror físicamente, al contrario, era muy guapo, Sarah soltó una risilla, era evidente que destacaba lo obvio, nada muy profundo. Encontró lo que buscaba y se volteó con naturalidad hacia donde estaba su amigo, era una toalla, de color rosa, muy femenina, pero supuso que eso no le importaría al chico, por lo que se agachó a su altura y empezó a pasársela por la cara; sus pómulos, su frente y mejillas, y por el cabello con cuidado, buscando no molestarlo y mucho menos incomodarlo, si tanto le importaba, le diría. -Vale, no queremos un enfermo resfriado en el campamento. Agregaba con una sonrisa, frunciendo el ceño mientras seguía con su tarea, parecía que cuidaba de un niño pequeño y rebelde. -Te apuesto a que tus motivos de estar aquí son mas interesantes que los míos, así que cuenta. Era seguro, Caleb era muy ocurrente por lo que había oído, así que esperaba un buen relato, probablemente con mas detalles que el de ella, detalles que se sentía medida a no dar y a ignorar, buscando esconder mas aquella debilidad, que era obvio, había reconocido que tenía.
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Re: ¿Dónde están los elfos domésticos cuando los necesitas? #Sarah

Mensaje por Caleb J. Shultz el Mar Jun 11, 2013 8:04 pm

El frío se sentía como un alivio tan grande que le dieron ganas de llorar de la emoción. Al fin había encontrado la solución a su problema, y amaba encontrar la solución a sus problemas. Okay, sonaba estúpido, pero realmente y literalmente sentía que iba a morir de calor si no hacía algo pronto. Por suerte, los monitores dormían como marmotas. Esta vez estaba seguro de que las marmotas dormían mucho... ¿o no? Como sea, dormían mucho, ese era el punto. Tenía libre albedrío en ese lugar, era genial, finalmente se sentía libre. Libre de los profesores, libre de las presiones, libre de Candy (¡fiesta, libre de Candy!), libre del bullying, libre de todo lo que le hacía mal. Allí las cosas sólo podían salir bien, ¿verdad? Si bien una parte de él decía que las cosas iban a arruinarse pronto, intentaba ignorar esa parte pesimista y le sonreía a su futuro. Caleb siempre había sido un chico positivo, optimista, y no iba a dejar que un mal presentimiento arruinara eso. Finalmente estaba tranquilo, en paz, tanto con los demás como consigo mismo. No había tenido un solo pleito desde que había llegado, era el líder de su grupo, se llevaba bien con quien se cruzase en su camino, estaba superando su timidez, todas esas eran buenas señales, ¿verdad?

Atrapó un hielo que quiso dirigirse a su entrepierna, definitivamente no quería refrescarse esa parte con un hielo. Tenía tanto sueño y tanto calor que ya no le importaba lo que Sarah pudiera ver y pensar, estaba como en una especie de limbo en donde el Caleb tímido se encontraba profundamente dormido y el Caleb al que todo le daba igual estaba despierto con todas las luces prendidas. Mejor así, ya que si el Caleb tímido estuviese despierto, ya estaría tapándose con las ollas del lugar, o con lo primero que encontrara y definitivamente no se hubiera echado agua frente a una chica. Rió al pensar en sí mismo rojo como un tomate tapándose los bóxers con un sartén, pero tenía tanto sueño que ni siquiera tenía energía de buscar un maldito sartén. La escuchó como una voz lejana que hablaba en off, pero a pesar de que moría de sueño sabía que no podía dormir, así que mejor sería prestarle un poco más de atención a su acompañante.

Se acomodó contra el refrigerador y la miró con curiosidad mientras ella buscaba algo en su bolso, ¿tal vez tenía Skittles? Dios, tenía que parar con su obsesión con las Skittles. Tendría que ir a un psicólogo pronto si no paraba de una vez. Pero es que eran tan jodidamente deliciosas, se preguntaba cómo todo el mundo no era adicto a esas malditas pastillas. También tendría que ir al psicólogo por su manía de decir tacos todo el tiempo, en serio, se tornaba molesto para las personas a su alrededor, o al menos eso creía él. Al menos a él le molestaba.

La miró confundido cuando sacó una toalla rosa de su bolso y se acercó a él, poniéndose a su altura. Se ruborizó cuando comenzó a secarlo con cuidado. Sí, el Caleb tímido estaba dormido, pero de igual forma percibía movimientos como los que estaba haciendo la chica en ese momento, que lo confundían y ciertamente lo ponían bastante nervioso. Rió como tonto y se mordió el labio inferior.
- No me resfriaré, no con este maldito calor -dijo en respuesta a su comentario y luego suspiró exasperado ante su pregunta-. Pues estaba con una chica en la cama y no paraba de patearme así que vine aquí en busca de agua y paz -intentó aguantar la risa, más no pudo aguantar una carcajada. ¿Caleb? ¿Con una chica en la cama? ¿En qué dimensión?
- De acuerdo, lo admito, el calor no me deja dormir. Intenté contar Skittles, eso siempre funciona, pero nada, no puedo pegar un ojo -hizo un puchero mientras ella continuaba secándolo.

Cuando ella finalizó, él sacudió la cabeza como un perro mojado y bufó. Aún tenía calor. Maldita sea.
- ¿Cómo estás, Sarah? Tiempo sin verte, como tres días -preguntó, para sacar conversación, y sonrió con inocencia.


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Re: ¿Dónde están los elfos domésticos cuando los necesitas? #Sarah

Mensaje por Sarah L. Aldridge el Mar Jun 11, 2013 9:26 pm

Sarah conocía Caleb incluso mas de lo que se suponía que debía de conocerlo tomando en cuenta el poco tiempo que llevaban tratando entre si, y no era precisamente porque fuese una espía o algo parecido, al contrario, con una sola conversación aquella primera vez que habían tratado a la chica Aldridge ya le había quedado mas que claro que él no era un chico parecido a los muchos que abundaban en el campamento, que buscaban sobresalir entre los demás, sorprender a las chicas, y relucir atributos de los cuales carecían solo para que las féminas cayeran a sus pies y en sus manos lo cual era lo mas probable. Al contrario, desde la perspectiva de la chica podía verlo como un joven tímido, carismático, lleno de alegría y cosas buenas, dudaba que hubiese algún mal recuerdo o momento dentro de él tal cual como abundaban en ella, había escuchado rumores de sus amigas pero nada que fuese cierto y que se le ocurriera preguntarle, solía ser indiscreta pero con las personas semejantes a ella, con Caleb sería diferente porque desde luego parecía tener la delicadeza de la que ella carecía al saciar su curiosidad, era probable que algún día lo hiciera, después de todo, no esperaba mucho cuando en realidad se planteaba algo. Si no fuera porque al momento él mismo lo había desmetido Sarah podía haberse empezado a creer el cuento de la chica pateadora, las personas podían cambiar, ¿no? Apartó la toalla cuando él empezó a sacudir sus cabellos haciendo que tímidas gotas se perdieran sobre la chica, había sido un vaso de agua y ahora parecía todo un balde -Ten cuidado, Fido. Comentó con una sonrisa espontanea refiriéndose al nombre de uno de los cachorros que deambulaban por el campamento.

La morena se levantó guardando la toalla en su bolso de nuevo mientras se sentaba frente a él comiendo de su manzana. No se sentía incomoda por verlo en ese estado, por un momento Sarah llegó a pensar que era porque él mismo no la hacía sentir así, es decir, no buscaba alguna otra intención con ella o le prestaba tanta atención a su físico, incluso tampoco parecía el propio chico apenado que se cubría hasta con el refrigerador por estar frente a ella de esa forma. Por otro lado la chica tampoco podía hablar del todo acerca del pudor, si bien su camisa no enseñaba mucho el corto short daba a relucir sus piernas bronceadas y delicadas, eso no era un pecado, bien, si sus abuelos la vieran probablemente buscaran un abrigo grande que la cubriera, a veces el alma sobreprotectora se les subía demasiado. -Si supieras que estoy muy bien, conocí a un chico la semana pasada, ¿recuerdas la fiesta tras la cabaña de una tal Amanda?, bien, fuimos, nos emborrachamos y terminé es su habitación, lo peor es que creo que estoy embarazada y su familia quieres obligarnos a estar juntos, pero yo no lo amo y no quiero un entorno tan dislocado para mi bebe. Tenía que hacerlo, debía aguantar la carcajada que estaba por salir, Sarah puso su propia mano en su vientre colocando una clara mirada de victima indefensa. No supo si Caleb se lo creyó o no pero el solo verlo después de esas palabras hizo que soltara una gran risa, tanto que sus mejillas se empezaron a enrojecer, tal cual sucedía cuando se reía demasiado -Lo... siento. Comentaba con la voz cortada sin poder evitar soltar carcajadas entrecortadas.

Finalmente pudo respirar con normalidad aunque sentía sus pómulos acalorados -Estoy bien, Caleb. No hay nada nuevo que contar, salí a practicar un poco mientras las chicas no estaban, mis padres mandaron una carta, y bien, eso no ayudó mucho, quieren que regrese a Londres por unos días, pero desde luego no pienso ir. Sarah se mordía los labios mientras su mirada estaba fija en sus zapatos, jugando con las trenzas a medida que le contaba al chico lo que sucedía, sin demasiada profundidad, no pretendía darle todo el relato -En lo único que pienso ahora es en todo lo que quisiera comer, te juro que si tuviese a un chef aquí mismo le daría lo que sea contal de que me prepare algo delicioso. Había olvidado su razón principal para ir al almacen, tenían una pequeña cocina en el lugar, algo simple, ella supuso que era para preparar los alimentos que no podían pasar mucho tiempo fuera y llevarlos al comedor, bien, no era una experta en la cocina pero era de suponerse. -Y desde luego que no engorde. Abrió los ojos asustada ante la sola idea, viendo de reojo su abdomen plano, el futbol y el gimnasio habían hecho su efecto -En fin, creo que he hablado demasiado, ¿tu como has estado?, espero que no saliendo solo con la ropa interior a los alrededores.

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Re: ¿Dónde están los elfos domésticos cuando los necesitas? #Sarah

Mensaje por Caleb J. Shultz el Lun Jun 17, 2013 2:20 am

¿Una tal Amanda? No tenía idea de quién era Amanda. Tampoco era que él conociera a todas las chicas del campamento, pero sí se enteraba de todas las fiestas que habían en el lugar. Como líder de los Frays, sentía que era su deber informar a los de su grupo de las actividades que sucedían alrededor del campamento, especialmente si involucraban alcohol y o sexo. Tampoco imaginaba a Sarah regalándose de esa manera, la imaginaba como una chica sofisticada, con clase, no podía imaginarla teniendo sexo sin protección con un desconocido estando borracha. No la conocía demasiado, pero no parecía su estilo. Abrió los ojos como platos al escuchar la historia, especialmente al escuchar la parte de que estaba embarazada y que querían obligarla a casarse. Casi le viene un infarto. Colocó una mano sobre su hombro para demostrarle apoyo y justo cuando abría la boca para decirle palabras de consuelo, la carcajada de la muchacha invadió la habitación. Caleb frunció el ceño, no le pareció gracioso en absoluto. Era un tema serio, con esas cosas no se jugaba. Caleb se tomaba esas cosas como un adulto, a pesar de ser un niño en el interior. Eso lo había aprendido de su padre, él era más serio que su madre. Su madre era más liberal, más abierta. Su padre, a pesar de ser un alma libre y tener la historia de haber nacido en Woodstock en su espalda, era un hombre con principios un poco más conservadores que le había impartido Caleb y él había aprehendido cada uno de los valores que sus padres le habían enseñado. Eran lo que lo hacían ser el chico que era hoy en día, por eso les estaba eternamente agradecido.
- Hey, eso no es gracioso -dijo como un niño pequeño decepcionado de su ídolo. Pero al verla con las mejillas sonrosadas, con la respiración entrecortada no pudo evitar sonreír.

La escuchó con atención cuando pronunció sus siguientes palabras y asintió con seriedad.
- Siempre quise ir a Londres, dicen que la marihuana es genial allí, ¿crees que tus padres me reciban? -bromeó, bueno, no tanto. En Los Ángeles lo llamaban drogón, porque se pasaba fumando. Pero le gustaba el viaje, le gustaba desconectarse de la realidad por un tiempo. Le ayudaba a despejar la mente y a la vez a tranquilizar la violencia que le provocaba ser la broma de la secundaria. Se frustraba con facilidad cada vez que le robaban la ropa de las duchas y tenía que caminar desnudo por los pasillos hasta llegar al lugar donde siempre la escondían: el basurero. También solían tirarlo a él allí, a pesar de que él podía dar pelea no podía con cinco jugadores de fútbol sosteniendo sus extremidades y otro encargándose de que nadie los descubriera. Le hacían un millón de bromas, por suerte su mejor amiga, Sheeba, siempre estaba allí. Para darle ropa de repuesto, para limpiarle la mugre del basurero, para comprarle almuerzo cuando el suyo era tirado al suelo.

- Dime, ¿qué deportes practicas? -preguntó lleno de curiosidad. La chica parecía adicta al deporte, al menos tenía el físico para serlo. La recorrió con la mirada y se ruborizó por hacerlo.

- Yo sólo quería agua -confesó-. Estaba muriendo de calor, literalmente -continuó. Y era cierto, estaba completamente deshidratado-. Te haría algo de comer, pero quemo todo lo que toco -rió. Era verdad, era un terrible cocinero.
- Pues no tengo mucho que contar. Mi mejor amiga llegó al campamento, lo que es un gran alivio. Ella es genial, quiero que la conozcas. Y sí, mi nuevo hobbie es andar en ropa interior por las noches asustando a las chicas inocentes como tú -volvió a reír y se despeinó dejando que las últimas gotas de agua salpicaran a su alrededor.


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Re: ¿Dónde están los elfos domésticos cuando los necesitas? #Sarah

Mensaje por Sarah L. Aldridge el Lun Jun 17, 2013 10:52 pm

Sarah lo escuchaba con atención sin interrumpirlo, le gustaba ser escuchada y aplicaba la misma teoría con los demás, mientras terminaba de comer aquella manzana que había tomado al llegar al lugar, sin embargo su hambre seguía igual, totalmente latente en su estómago y reclamándo su atención, la morena no podía deducir como conservaba el cuerpo que mantenía, principalmente porque comía todo lo que podía y a la hora que le provocara. Al vivir con sus abuelos estos también la consentían mas de lo normal y sus platillos eran simplemente exquisitos, no podía quejarse, era una de las cosas que le habían salido bien al irse de Londres ya que sus padres no le habían brindado ese calor tan típico de hogar, no que ella lo recordara, todo en esa etapa de su vida había sido superficial y lleno de los lujos que podían, mas cristal que realidad, pero eso había cambiado, y vaya manera que lo había hecho. Finalmente debía ser el deporte lo que la ayudaba en gran parte a conservarse, Sarah era adicta a él, quizás demasiado, no podía mantenerse quieta y probablemente esa fuera su razón de ayuda.

El comentario de sus padres y de Londres la hizo reír en vez de hacerla caer en un vacío del pasado, era una de las pocas veces que podía jactarse de ello y en el fondo lo agradecía. La droga inglesa no era mala, un poco costosa, pero en su mala época pudo constearla unas cuantas veces, no es algo que la llene de orgullo pero tampoco podía borrar ese recuerdo, sin embargo muy contadas personas lo conocían y ciertamente no lo habían divulgado. Por otra parte no se imaginó a Caleb en una situación de esas, le costaba imaginarlo pero cada quien tiene su historia y la desarrolla de forma diferente, además era obvio que había cambiado para mejor, su rostro lo decía, él lo decía, si fuera lo contrario no dudaría en indagar mas, o quizás en algún momento lo haría; Sarah y su curiosidad, no era el mejor momento para indagar en lo mas pronfundo de la vida de ambos, porque si ella buscaba saber él, como cualquier ser humano, buscaría hacerlo.

La chica soltó una leve risa con su comentario de la comida, ella podía defenderse al menos entre lo que cabía. Al notar el entuasiasmo de Caleb se sintió llena de curiosidad por conocer a su amiga, incluso llegó a ver un rayo de emoción en su mirada, era demasiado detallista en algunas ocasiones, asintió varias veces asegurando que se sentiría gustosa de conocerla, no creía que él estuviese rodeado de personas desagradables y tampoco quería sumar a su entorno mas de ellas, vale, podía lidiar en alguna situación parecida. Abrió los ojos y medianamente sus labios sonrosados al oir aquel comentario, si fuera una chica temerosa y excesivamente inocente ya estuviese balbuceando ante la presencia de Caleb y la única prenda que llevaba, tampoco era una Lollie, para nada, pero se puede decir que sabía como llevar las situaciones a la perfección y dar la impresión que quisiera dar, aunque era normal que en algunas ocasiones su emociones podían traicionarla dando otro reflejo -No me dejo asustar muy fácil Cal, creo que no conoces mucho de Sarah Aldridge que digamos. Y espondiendo a tu pregunta juego futbol, me gusta desde chica, mi padre solía jugarlo conmigo, hace demasiado tiempo por supuesto, aprendí a vencer a cualquier grandulón que presumiera saber mas que yo. Aseguró tras un guiño de ojo orgulloso, no podía evitarlo.

Luego de unos segundos Sarah le dió la vuelta al sitio con la mirada, frunciendo el ceño como si detallara demasiado, fue entonces cuando le levantó de un salto colocando las manos a ambos lados de su cintura, ya sabía que hacer -Bien, no quiero pasar parte de la noche sentada hablando frente a un refrigerador, no lo digo por ti, pero mi estómago me reclama. Tendió sus manos hacia el chico ayudándolo a levantarse, luego se dirigió a su bolso y sacó su móvil buscando algo entre las miles de aplicaciones que tenía -Aquí estas. Enseguida una de sus canciones favoritas empezó a sonar, Give your hell de The All-American Rejects para ser mas exactos, no tan alto pero estaba segura que no se oiría tan lejos, estaban en un almacen despues de todo. -Voy a cocinar y tu me vas a ayudar, así se te queme el agua hervida. Sarah soltó una risa mientras abría las alacenas en busca de los ingredientes necesarios, o algo que le diera una idea de que preparar, mordía sus labios y fruncía las facciones cuando algo no le gustaba, no podía estar quieta, por lo menos aquella pequeña cocina le ayudaría, no era necesario la gran y moderna construcción de las cocinas. Poco a poco fue sacando vainilla, huevos, harina y leche... -Creo que serán Hot cakes, ¿te apuntas?. Preguntó encogiéndose de hombros mientras veía a Caleb con la harina en mano, haría todo por no dormir aquella noche y lo mas importante saciar su desesperada hambre, las horas de futbol le pasarían factura luego.
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Sarah L. Aldridge
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Re: ¿Dónde están los elfos domésticos cuando los necesitas? #Sarah

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